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Monday, October 10, 2005
  Oyola responde: "Los lectores siempre tienen la última palabra"
¿De qué escritores y artistas reconoce influencias?

No puedo negar la pluma y la espada de Alejandro Dumas (padre). Tampoco a Sir Arthur Conan Doyle y Emilio Salgari. Mi Tigre Harapiento cita a su tocayo de la Malasia constantemente. ¿De acá? Para que voy a mentir: empecé imitando a Marcelo Figueras, a quien sigo admirando más allá del guión de Peligrosa Obsesión (ojo que Piglia figura en los créditos de Comodines). Mi máximo descubrimiento vernáculo fue el Conde Drácula de Beber en Rojo. Monstruo químicamente puro como Frankenstein, el Dr. Jekyll & Mr. Hyde, el Cyborg-Robot, el Gólem, los zombies, la Ella de Rider Haggard, la Momia, el Hombre Lobo, la Zorra China, el Fantasma de la Opera o Pinocho.

Aprendo mucho de Laiseca y su obra. Le debo una moneda grande. Tengo un cuento, Oxidado, donde busco saldar deudas con Dumas y Lai tomando el plot de Montecristo y colando en el medio del relato un homenaje a
Su turno para morir. En mi novela Hacé que la noche venga también me saco el sombrero ante el maestro parafraseando en un capítulo La mujer en la muralla.

¿Cuales son sus hábitos de escritura?

Cuando puedo esquivar las obligaciones laborales y las del hogar, mi posición natural es frente a la PC. Con las dos novelas me pasó lo mismo: después de haber llegado al tercer capítulo, el compromiso con ese universo aceleraba el proceso de escritura volviéndola una necesidad obligatoria.
Siete y el Tigre Harapiento fue levantarse religiosamente a las cuatro de la mañana. Hacé que la noche venga era acostarse a esa hora. Mis estudios de periodismo me anclan constantemente a investigar sobre el tema que deseo desarrollar. Necesito el acerbo de verdad para construir una mentira efectiva. La mayoría de las veces ese es mi ancho de espadas. Lo que no quiere decir que sirva para ganar el bueno. Es un partido largo todo este asunto. Truco. Los puntos acá los suma uno solo. Escribir es un constante pica-pica.

¿Recuerda algún hecho de iniciación literaria?

La crisis de energía eléctrica a fines del ’88. Los cortes programados de luz en turnos de ocho horas durante ese verano hicieron insoportable el calor. Ídem para el hecho de pasar el tiempo sin radio ni televisión, algo sumamente tedioso. La colección Robin Hood fue un salvavidas. Releer Crónicas Marcianas sin la obligación impuesta por un docente también fue redentor. Cuando la cosa se normalizó más o menos; la TV solo tenía tres horas diarias de transmisión. De 19 a 23. Nada que valiera la pena en la programación. El panorama del dial pintaba diferente: fue el boom de la Z-95 y las FM truchas. Cuando no escuchaba a H. Scanner o cualquier programa de alguna emisora barrial, leía. Leía mucho. Y anotaba en cuadernos Gloria anaranjados de todo un poco. Algo así como un jurasic-blog ¿no? El nadsat, idioma craneado por Burgess en
La Naranja Mecánica, también me avivó y no solo para entender el "uno, dos, ultraviolento" que cantaban Los Violadores. Desde esa etapa, definitivamente, los libros son la de drugos mas bolches (¡los quiero para mí!).

¿Cuál sería el lector ideal de su obra?

No hay modelo. No hay estereotipo. Sería faltarle el respeto a todo aquel que le ponga una ficha a
Siete…, Hacé que la noche venga o los relatos de El otro far west que es lo que hay por ahora. Simplemente le agradezco el tiempo dedicado a enterarse de que va lo que hago. Ojalá leerme lo entretenga tanto como a mí haber escrito esas páginas. Honestamente, no creo que mi obra vaya a cambiarle la vida a nadie. Tampoco es la intención. Considero que lo mío es ATP, aclarando que la calificación no es sinónimo de kidult.

¿Vive actualmente de la literatura?

En términos pecuniarios, no. Pero puedo decir que después de mi mujer y mi hijo, la literatura es algo que me ayuda a sobrevivir el día a día. Iron Maiden tiene una canción que se llama
Can I play with the madness? Respondo la pregunta afirmando que si no tuviera a Leticia y a Ramón en mi casa, si no escribiera nada o tampoco leyera no sé como haría para levantarme sabiendo que muchas cosas a esta altura tienen status de inalterables. ¿Caigo en la frase hecha? Si, es oxígeno. Con decir que solo es algo de donde agarrarse me estaría quedando corto.

¿Cómo describiría la literatura argentina?

De muy buena salud. Casi mil cuatrocientos manuscritos presentados para el VIII Premio Clarín, los que se presentarán en el de Planeta más otros de menor convocatoria hablan de mucha gente haciendo lo suyo. Eso es algo que se respeta. Ídem para los blogs que son una alternativa. Ahora en lo referido a editar… bueno esa es otra historia en la que el escritor pocas veces puede hacer algo. Los lectores como siempre tienen la última palabra. Aunque no hay que pecar de ilusos y obviar el establecimiento de agenda al que nos someten los medios.

¿Cuáles fueron sus trabajos más extraños?

Haber tenido siempre laburo -considerando los gobiernos menemistas y el de De La Rúa- eso es extraño. Y por favor, después de mencionar a esos reverendos Sorias –utilizando el apellido como eufemismo para el rotundo grueso epíteto que generalmente se dice después de nombrarlos- toquemos madera, hagamos con los dedos cuernitos latigueándolos hacia el piso, las damas por favor se tocan el pecho derecho y los caballeros hacemos lo propio con el testículo del mismo hemisferio. Digo, aunque sea por la suerte de lo que queda de la clase media argentina…

¿Cuál piensa que es la función del escritor hoy en día?

La misma de ayer. La que tendrá mañana. Narrar. Eso, nada más. Jamás ostentar laureles de ser portadores de términos tan maleables como la verdad o la palabra.

¿Quién mató a la Laura Palmer?

Recuerdo que se armó flor de kilombo cuando le dispararon a J.R. en
Dallas. Que algo similar pasó en Springfield con el Sr. Burns. Y que en Twin Peaks habían encontrado el cuerpo de una adolescente con esa gracia. Avanzada la investigación, y los capítulos, se descubría que Laura Palmer era de todo menos la angelical jovencita de esa idílica fotografía de los títulos del ending. La punta del iceberg en un pueblo chico. Ya no interesaba descubrir al asesino. Laura Palmer estaba más viva que nunca. Como el Rey. Primero fue Bob Dylan. Después se enteró Calamaro. Ahora lo sabemos todos. No es ningún secreto: Elvis esta vivo y Laura Palmer no ha muerto.

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Laura Palmer no ha muerto

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